Relaciones

En realidad, las relaciones son bastante fáciles, las hacemos difíciles no siendo claros, no siendo sinceros, no siendo vulnerables. Da mucho menos miedo enzarzarse en una discusión con alguien para cambiarle de opinión en vez de admitir que estamos dolidos o inseguros, en vez de escuchar a alguien con curiosidad para conocer por qué piensa así y darle el espacio para que se sienta escuchado. Y también es mucho más fácil usar a alguien en quien volcar nuestro enfado porque no sabemos contenernos nosotros mismos. Da mucho menos miedo obligarnos a hacer algo que no queremos para gustarle a alguien, en vez de respetar nuestras decisiones, en vez de admitir que tenemos terror a estar solos, que no nos aceptamos y da mucho menos miedo fingir que somos alguien que no somos a mejorar la relación que tenemos con nosotros mismos y es mucho más complicado intentar pensar qué está pensando el otro para gustarle, y todas las respuestas que que vamos a obtener vienen del rechazo que tenemos por nosotros mismos, eso que tanto tememos que piensen los demás de nosotros es lo que pensamos de nosotros mismos, nadie más está en nuestra cabeza más que nosotros. ¿Qué nos estamos diciendo? Pensamos que si buscamos esa validación fuera, podremos aceptarnos nosotros pero si funcionara, ya habría funcionado.

Las cosas son mucho más lógicas de lo que pensamos, si me enfado con alguien y no puedo seguir con la conversación porque las emociones me abruman, dejo la conversación para más tarde y darme tiempo para calmarme. Calmarse a uno mismo significa pasar con uno mismo la incomodidad de la ansiedad o el nerviosismo, mientras pruebas qué te calma, sin prisa, sin querer que se vaya, aceptándolo y sintiéndolo, dejar que exista. 

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